Por Diego Dillenberger

“Si nos pusiéramos de acuerdo en que necesitamos más y mejores empresas de todos los tamaños y de todos los sectores y lo dijéramos todos en voz alta, ya sería una primera señal para recuperar esa idea de futuro que necesitamos”, dice Verónica Cheja, presidenta de Urban. La fundadora de la que es hoy la mayor consultora de PR de la Argentina no hace otra cosa que reflejar lo que sus colegas comunicadores empresarios y consultores les están diciendo a los gritos a los empresarios en una encuesta de Revista Imagen a un panel de 70  comunicadores empresarios y políticos de la Argentina: “Tienen que salir a hablar”.

El motivo del reclamo es una gravísima crisis económica que amenaza con

diezmar al mundo empresario y que, a diferencia de las tantas catástrofes económicas anteriores que experimentó Argentina periódicamente, esta es diferente. Además de la pandemia, en esta crisis todo indica que una parte del gobierno tiene el objetivo tácito de reducir aún más la actividad privada en el país.

Esto marca una diferencia muy grande con las crisis anteriores, producto de la ya legendaria incapacidad de los políticos locales de gestionar el Estado: hoy una parte del gobierno está convencido de que achicar el sector privado e incrementar el estado les suma poder, y ven su gran oportunidad en la pandemia.

Quizás por eso es que el 61 por ciento de los comunicadores respondieron estar de acuerdo con la opción de “Se necesita que los empresarios salgan a la opinión pública de manera personal y más comprometida”. El 30 por ciento prefirió la clásica “Tienen que transmitir sus mensajes pero no exponerse personalmente ni a sus empresas”, un consejo tradicional de comunicación de crisis que adoran los empresarios, porque les evita exponerse públicamente en situaciones difíciles. Aunque cualquier experto en comunicación de crisis sabe que cuando esa crisis es demasiado grave o directamente terminal -y la que experimenta la economía y la política argentina no es otra cosa- no hay mejor vocero que el número uno.

Apenas el 6 por ciento sostiene que “no es conveniente que los empresarios se expongan en los medios”.

Cheja, que como todos sus colegas debe haber llevado más de una vez la recomendación a sus clientes de no exponerse directamente en los medios, entiende que ésta vez, en la que el propio Presidente de la nación sale a cuestionar la importancia del mérito en la generación de bienestar y desarrollo, la crisis es de otra magnitud: “No deberíamos discutir que tenemos que cuidar a nuestras empresas. Si una empresa que cuida a sus empleados, que da trabajo en blanco, que paga sus impuestos, que compite, cierra o se va del país es una señal de que estamos fallando. Si nos pusiéramos de acuerdo en que necesitamos más y mejores empresas de todos los tamaños y de todos los sectores y lo dijéramos todos en voz alta, ya sería una primera señal para recuperar esa idea de futuro que necesitamos”.

Pero los comunicadores también fueron lapidarios con la oposición de Juntos por el Cambio. Ante la pregunta de si su trabajo comunicacional con respecto a la crisis económica y el éxodo o cierre de empresas, el 80 por ciento lo consideró insuficiente y apenas el 17 por ciento cree que es suficiente.

El problema con la oposición es fundamental. En casi todos los países democráticos, el empresariado cuenta con uno o varios partidos políticos que defienden a capa y espada en la política, en los medios y dónde sea que se tienen que generar condiciones para que la actividad privada sea el motor del desarrollo. En Argentina, el fracaso de la administración anterior de Juntos por el Cambio en materia económica fue tal, que no solo habilitó el regreso del kirchnerismo, sino que, mientras no haga una profunda autocrítica y no demuestre que entendió en qué se equivocó y qué políticas económicas necesita el país para estabilizarse y volver a crecer, su discurso económico no tendrá credibilidad.

Recientemente la ex ministra de Seguridad de la gestión anterior, Patricia Bullrich, esbozó la única autocrítica sólida de la oposición luego de 9 meses fuera del gobierno. Pero falta saber si esa misma oposición tiene en claro qué había que haber hecho y qué haría, en caso de volver a ganar algún día. Por eso es imposible que en estas condiciones esa oposición pueda hacer un trabajo sólido de “gabinete económico en las sombras”, como lo haría cualquier partido favorable a las empresas en un país democrático. El propio ex presidente Mauricio Macri ya dio todas las señales de que no está dispuesto a autocriticarse, por lo tanto, al no dar un paso al costado como líder y fundador del PRO, partido central de la oposición, está trabando ese proceso de mea culpa que tanto necesitarían los empresarios. Ellos están solos en esta.

Pero los comunicadores profesionales fueron más duros aún con las cámaras y agremiaciones empresarias que deberían ser la voz de las empresas cuando no se animan a alzar la voz personalmente.

El rechazo al trabajo de comunicación de las cámaras es prácticamente unánime: 93 por ciento lo considera insuficiente. En el mismo sondeo -anónimo-, los comunicadores podían explicar y fundamentar su opinión. “Frente a esta crisis, soy partidario de que las empresas se expresen a través de las Cámaras que las agrupan. No veo mucho compromiso por parte de ellas. No me parece apropiado que las empresas y los empresarios encabecen críticas”, dijo un encuestado.

“El gobierno se lleva puesto al país y las empresas y organizaciones avalan los hechos al no tomar partido público”, advirtió otro encuestado.

Quizás los empresarios deberían resolver un dilema: si se exponen, ante un gobierno que puede ser muy vengativo, corren riesgos individuales. Por eso muchos prefieren las cámaras y entidades empresarias: “Deberían activar las reuniones de grupos de gremios empresarios. No es conveniente con este tipo de gobierno que se expongan individualmente”, sostiene un encuestado.

El problema con las cámaras es que hay muchos intereses individuales en pugna. Un participante lo describió con claridad: “El problema es que no puede ser uno sólo el que pase al frente. El empresariado en su conjunto debería hacerlo, pero hasta en las Cámaras es un problema porque siempre hay uno o más que negocian por atrás. El sálvese quien pueda los hunde a todos en conjunto”.

El caso de Marcos Galperín, fundador del unicornio más exitoso de la Argentina, MercadoLibre, que debió instalarse en Uruguay ante el temor por su seguridad, caló hondo. Incluso una ley que beneficiaría la generación de empleo y exportación de servicios al sector on line está frenada por el gobierno por el solo hecho de que también beneficiaría a Mercadolibre.

Pero si no hablan, ¿cómo puede cambiarse una opinión pública profundamente antiempresaria, como la argentina?

Un encuestado lo expresó claramente: “Como sucede eternamente, les falta un relato de país”