En el caso tucumano se trata de Paulina Lebbos, joven desparecida hace seis años cuando iba a una fiesta con “niños del poder” tucumano. Su cadáver apareció días después enterrado a la vera de un camino de campo, y su padre sospecha que el asesino sería alguien demasiado cercano al gobernador kirchnerista José Alperovich y que desde lo más alto del poder provincial se habría hecho y se estaría haciendo hoy de todo para encubrirlo.

Pasaron seis años, y el escándalo estuvo muy lejos de tener la enorme repercusión nacional que tuvo el de María Soledad, en Catamarca, hace 20 años. ¿Por qué ahora alguien sale a contratar a una consultora para darle difusión en los medios nacionales?

“Hay políticos opositores y empresarios provinciales que aspiran a un cambio de gobierno en Tucumán”, revela Nikita y agrega: “También hay fuerzas políticas en Buenos Aires que apuntan a la esposa del gobernador, hoy número dos en la sucesión presidencial”, dice misteriosa la consultora. Se trata de una mujer cuarentona que habla bajo la condición de que se mantenga su identidad en reserva estricta hasta que termine el caso.

Sigue una estrategia política compleja: obligar a la presidenta Cristina Kirchner a ponerse del lado de Lebbos para que presione a Alperovich, hoy uno de sus más fuertes aliados en el interior, a que cese el encubrimiento.

El padre de Paulina, que en el momento de la muerte de su hija era funcionario de segundo nivel del gobierno de Alperovich y renunció al poco tiempo de la tragedia, viaja ahora seguido a Buenos Aires para explicarle al periodismo todas sus sospechas.

Pero el brief de prensa no se agota en el caso “María Soledad Morales tucumano”.

La senadora Beatriz Rojkés de Alperovich es la presidenta provisional del Senado: primera judía en llegar a ese cargo clave: no solo es importante porque preside el senado en ausencia del vicepresidente, sino porque el vice Amado Boudou, muy complicado con investigaciones judiciales por presunto enriquecimiento ilícito, podría abrirle a la legisladora tucumana la posibilidad de terminar siendo la primera en la línea sucesoria de la presidenta Kirchner.

Para ella, la campaña de PR también busca llevar a los medios nacionales una causa –de la que fue sobreseída –y que la persigue desde Tucumán: Rojkés dirigía la Fundación PIBE, que se dedicaba a la búsqueda de niños extraviados, mientras su marido se desempeñaba como ministro de Economía de Tucumán, en 2001, y los medios en Tucumán narraron supuestos desvíos de fondos de la Secretaría de Prensa y Difusión para la contratación de publicidad oficial. Con pagos presuntamente irregulares, se había favorecido en un mes con miles de pesos a la Fundación PIBE, como a las agencias Magritte, Dellagalera y Cliché. Casualmente, Magritte y la Fundación PIBE funcionaban en una misma oficina y con los mismos directores, a pesar de que su esencia y rol eran muy diferentes. Rojkés fue sobreseída en 2004. El juez Juan Francisco Pisa, que había sido designado por Alperovich, responsabilizó al Tribunal de Cuentas por la falta de controles.

Cualquier coincidencia con el seudónimo Nikita Magritte con el nombre de la agencia vinculada en el caso Rojkés, no es mera casualidad.

La consultora Nikita Magritte también está tratando de reflotar este oscuro episodio. Fuentes políticas de Buenos Aires cercanas al kirchnerismo intentarían así correrla antes de marzo, cuando se reeligen los cargos en el Senado. Se señala al jefe del bloque K, Miguel Picchetto, como posible heredero de la presidencia previsional, en tal caso.

Sin embargo otras fuentes sostienen que ni Picchetto ansía ese cargo y que, para peor, en el medio del acuerdo con Irán que está gestando a todo vapor la presidenta Kirchner y que, según críticos, desactivaría la causa judicial del atentado contra la AMIA, “Betty” Alperovich cobró una relevancia supina para el gobierno: su voto a favor del pacto con Irán, como judía religiosa, es fundamental para mostrar a la dirigencia de la colectividad hebrea argentina y a la sociedad que hay voces importantes de su propia comunidad que están perfectamente de acuerdo con el “entendimiento” con Irán que busca la presidenta argentina con –incomprensible- urgencia.

Para el próximo 26 de febrero se está gestando una marcha en la capital tucumana que buscará tener todos los condimentos simbólicos que liguen el caso Lebbos al de María Soledad Morales: habrá cartas leídas en voz alta de la monja correntina Pelloni, central en levantar el escándalo catamarqueño en los 90, de Ada Morales, mamá de María Soledad, y de la veterana periodista Fanny Mandelbaum, que por entonces lideró la cobertura del caso en los 90 para el noticiero de Telefé y por lo que fuera premiada.

Lo que no lograron los “operadores” del caso Lebbos es conseguir que se sumara la famosa Susana Trimarco, madre de Marita Verón, una joven desaparecida por una supuesta red de trata y cuya desaparición se convirtiera en “cause célèbre”. Trimarco, muy activa en la denuncia de la trata de personas a nivel nacional, cuenta con el apoyo del gobierno de Alperovich.