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En tres décadas, pocas profesiones cambiaron tanto como la de los comunicadores institucionales

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Corría 1996, el tema del que hablaba el incipiente mercado de la comunicación corporativa era el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas: los autores del crimen habían sido sicarios enviados por un mafioso, Alfredo Yabrán, dueño de OCA y -se creía- indirectamente de todos los correos privados de aquella época.

Desde el asesinato del fotógrafo de Perfil, porque había osado fotografiar al “capo-mafia” en la playa en Pinamar y permitir que los argentinos le conocieran la cara al misterioso Yabrán, el periodismo en la Argentina cobró un prestigio especial.

Yabrán era una secreto a voces, hasta que el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, salió a los medios a denunciarlo como “capo-mafia” que encarecía el costo empresario argentino con su monopolio “virtual” del correo privado y con su dominio “por debajo de la mesa” del sindicato de empleados postales que boicoteaba la privatización del Correo Argentino. La ineficiencia y la corrupción en el Correo llevaba a los empresarios en una era en la que el e-mail estaba en pañales a depender de los correos privados de Yabrán.

Años más tarde Franco Macri, padre del que fuera presidente en 2015, terminó comprando el Correo, pero eso es otra historia.

Lo importante es que después de la denuncia de Cavallo, Yabrán -que cuidaba su secretismo como nadie- contrató a un escribano, Wenceslao Bunge- para que oficiara de “vocero”. Nunca habló con los medios ni dio la cara, y de eso se trató la nota de tapa de la primera edición de la revista Imagen: la revelación de Bunge, vocero de un señor altamente sospechado y al que no se le conocía ni la voz, ni la cara, pronto iba a “dar la cara”.

La dio en una entrevista con el diario Clarín a los pocos días de aparecer la revista, que por entonces fue citada hasta en la tapa de los diarios. 

Al año siguiente, la historia de Yabrán terminó con un -presunto y siempre mitificado- suicidio, cuando la policía estaba por atraparlo, escapando como autor intelectual del asesinato de Cabezas -cruelmente asesinado por el solo hecho de mostrar su cara al público sin permiso.

Los viejos recuerdan los mitos sobre las dudas de que el cuerpo que se encontró fuera realmente el de Yabrán y que -sigue la mitología- habría huido a Medio Oriente.

Lo relevante: a partir de ahí el periodismo argentino durante años cobró un prestigio enorme que fueron reflejando los siguientes números de Imagen.

Los medios lo eran todo -o casi todo- en el trabajo de los comunicadores y relacionistas públicos de la época. Internet empezó a cambiar eso, permitiendo primero que las empresas tuvieran una voz propia más allá de los medios. Luego las redes sociales les dieron voz a todos los ciudadanos y hasta les empezaron a imponer la agenda a los medios.

Hoy, la inteligencia artificial es un desafío para los medios, las empresas y los ciudadanos: en 30 años, poco más de una generación, probablemente ningún sector profesional cambió tanto y se complejizó como el de los comunicadores institucionales.

Por eso, para entender ese cambio y los nuevos desafíos conmemoramos los 30 años de Imagen no solo con un rediseño de la web, sino también con una serie de entrevistas a líderes del sector que atravesaron ese período. 

Inauguramos con Roberto Starke, probablemente el único que ya era el máximo referente en Asuntos Públicos de la Argentina cuando apareció la primera edición de Imagen con la tapa del misterioso vocero del misterioso capo-mafia.

Y Yabrán dio la cara, lo fotografiaron, asesinó y se suicidó…

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