Activistas destruyen el diario El Chubut por opinar a favor del desarrollo minero

Por Diego Dillenberger

Pasaron 18 años desde que la ciudad chubutense de Esquel inauguró una ola nacional de rechazo a la minería con un plebiscito en el que el 82 por ciento de ese departamento votó en contra del proyecto El Desquite, de la minera canadiense Meridian Gold: una mina de oro que podría haber sido una mina de oro para la provincia de Chubut y sus ciudadanos. El oro quedó bajo tierra en un país que hoy tiene 42 por ciento de pobreza.

Vuelve la patagónica Chubut a golpear a la minería, pero ahora el tema es la plata, y otra minera canadiense, Pan American Silver. El proyecto cuestionado cae puntual para esta época: se trata del yacimiento Navidad, considerado el segundo más grande del mundo.

Las protestas arreciaron con violencia desde que la legislatura provincial votó una ley que libera a los diferentes departamentos a elegir si autorizan la actividad minera: el yacimiento se encuentra en la meseta central de Chubut, cuyos pocos pobladores viven en la pobreza y festejan la llegada del proyecto minero canadiense. Esta “zonificación” haría que los empleados públicos de la lejana capital, Rawson, o la comunidad manifiestamente antiminera de Esquel no puedan decidir sobre los destinos y el desarrollo económico de los habitantes de la meseta central.

La capital chubutense está que arde -literalmente- de manifestaciones antimineras que hasta llegaron a Buenos Aires: para protestar contra una supuesta contaminación, según afirman los enemigos de la minera, incendiaron cubiertas de autos altamente contaminantes en el centro, lo que generó gases tóxicos que afectaron a los porteños que el lunes 20 de diciembre debieron ir a sus trabajos.

Los antimineros llegaron al extremo de la intolerancia al incendiar el diario El Chubut por considerarlo favorable al desarrollo minero: esa bestialidad no habla muy bien de la solidez de sus argumentos.

Los promineros de la meseta central organizaron manifestaciones de apoyo al proyecto. Pero como fueron pacíficas, no impactaron en los medios.

De paso: Chubut es una provincia petrolera, una actividad que no es precisamente inocua para el medio ambiente.

Ante varios días de violencia, con heridos de bala y graves incendios que amenazaban con la ya poca gobernabilidad del mandatario provincial Mariano Arcioni -promotor de la ley-  decidió derogarla y sacarse el tema de encima con un plebiscito.

Otro plebiscito, pero esta vez no participarían solamente los habitantes de la meseta central, como lo hicieran exclusivamente los de Esquel en 2003, sino toda la provincia: probablemente voten en contra los radicalizados de Esquel y los empleados públicos de Rawson, que tienen sus sueldos asegurados de por vida.

¿Será el de Navidad el “desquite” de El Desquite, que fue la piedra angular de muchas de las protestas y rechazos a la minería en todo el país desde aquel plebiscito de 2003?

“Un plebiscito sobre la mina Navidad tendría -como tuvo El Desquite- repercusiones sobre el resto del país, en el que varias provincias más rechazan la minería”.

 

El caso más paradigmático es el de Mendoza, provincia en la que hace apenas dos años toda la política, los radicales oficialistas y los peronistas del kirchnerismo opositor, acordaron habilitarla: un verdadero milagro en un país en el que impera una “grieta” insalvable.

Ante las protestas de los mendocinos, la ley fue derogada en cuestión de días. El origen de las protestas mendocinas, en el fondo, tuvo el mismo de las manifestaciones chubutenses: la falta de comunicación del sector minero y su consecuente falta de “licencia social” para operar en muchos distritos. A esto se suma la falta de compromiso de la política para acompañar a la minería con comunicación para generar consenso en la sociedad. A los políticos argentinos no les gusta defender causas que perciban poco populares, aun cuando sepan que la opinión pública está equivocada: suelen ser “seguidores”, no “líderes”de opinión.

Quedó claro que ni Arcioni ni el sector minero entendieron el mensaje de los mendocinos.

Para la minería a nivel nacional el desafío es inmenso y a la vez una oportunidad para hacer lo que no hizo el sector desde casos como El Desquite, en Chubut, o Barrick, en San Juan (provincia que sí acepta la minería) o los proyectos riojanos del cerro Famatina: comunicar a nivel masivo -localmente y a nivel nacional- que puede operar de manera sustentable y que puede traer enormes beneficios económicos a la provincia y al país.

Están trabados media docena de proyectos mineros en todo el país que traerían miles de millones de dólares de inversión en un país en el que el que hace años nadie trae un dólar del exterior.

El riesgo de un plebiscito es alto. “El plebiscito es el peor camino, no hay posibilidad de ganarlo, todos los que se han realizado en América latina en los últimos años se perdieron”, advierte con total pesimismo un altísimo ejecutivo regional de una empresa minera.

Un dato clave que juega muy en contra de la minería: el gobernador Arcioni está último en la tabla de credibilidad de los mandatarios en sus respectivas provincias: tiene más de 60 por ciento de imagen negativa después de haber ganado una elección con promesas de grandes aumentos de sueldo para los estatales que no pudo cumplir. Con ese nivel de credibilidad -más aún habiéndose presentado en la campaña electoral como convencido antiminero- su aporte al debate por la minería es menos que cero.

A esto se suma la incógnita Boric en Chile: el paradigma minero a seguir, que exporta diez veces más minerales y basa su envidiable progreso en esa actividad. El presidente electo se presentó como ecologista. Se rompería el mejor espejo para la Argentina si fomenta la antiminería.

La minería está sola y abandonada a su suerte: mejor que el gobernador no intervenga demasiado y, desde el gobierno populista nacional -que alguna vez expresó su interés por el desarrollo minero- no se van a jugar por ninguna causa poco popular.

Matteo Goretti, socio de la consultora Nueva Comunicación, sostiene que “el anunciado plebiscito sobre la minería en Chubut va a exigir a la industria intervenir en los debates y sostener los beneficios que genera y presentar los planes para proteger el medio ambiente”.

Su consultora conoce el sector como pocas, y fue llamada -tarde y de urgencia- por los canadienses de Meridian Gold a Chubut hace 18 años cuando naufragaba El Desquite.

“El anunciado plebiscito sobre la minería en Chubut va a exigir a la industria intervenir en los debates y sostener los beneficios que genera y presentar los planes para proteger el medio ambiente”

 

El experto en comunicación de crisis y asuntos públicos sostiene que “este plebiscito abrirá un gran debate público en la Argentina, como ya está sucediendo en otros países, del que la industria minera no podrá sustraerse y la obligará a mejorar su comunicación con los medios de prensa y a vincularse con los grupos que se oponen a la minería”.

Goretti sostiene que el plebiscito chubutense, que se realizaría en aproximadamente medio año, “es un gran desafío que la minería tendrá que enfrentar”.

Desde la minera canadiense hacen silencio. Tiene en su equipo a Verónica Rivero, veterana de “guerra” de los momentos más complejos de la Barrick, hace más de una década. Cuentan con el asesoramiento de la agencia Identia PR, que tiene entre sus socios a Santiago Peixoto, con gran experiencia en comunicación de proyectos difíciles.

Argentina cuenta con muchos profesionales de comunicación de alto nivel en las propias mineras, en su cámara CAEM y sus agencias de PR: ¿les encomendarán el desafío de mejorar la comunicación de la minería para que obtenga la licencia social que hoy no tiene? ¿Se unirá el sector entero solidariamente para comunicar, aunque algunas provincias, como San Juan, Salta o Jujuy o la patagónica Santa Cruz, no se opongan a la minería? Preguntas para encarar un inmenso desafío comunicacional.